Política acerca del alcohol y victimas por accidentes de tráfico.

 

Los choques de vehículos de motor son una causa principal de mortalidad. No obstante, la asociación entre las políticas ambientales de restricción del alcohol y los afectados por choques relacionados con el alcohol no han sido descritas con anterioridad, por lo que un amplísimo estudio1 ha examinado la asociación entre las políticas estatales de restricción del alcohol  y la probabilidad de que el alcohol esté involucrado en las muertes por choques de vehículos de motor en Estados Unidos. La conclusión es que fortalecer las políticas del alcohol, incluyendo aquellas que no se dirigen de manera específica a la conducción empeorada, podría reducir las muertes por choques de vehículos de motor. Estas políticas también pueden proteger contra las muertes por choque que incluyen niveles de BAC por debajo del límite legal actual para conducir en Estados Unidos.

Esta investigación fue un estudio de sección cruzada repetido en el que las políticas estatales sobre el alcohol desde 1999 hasta 2014, se relacionaron con los fallecimientos por choques de vehículo de motor desde 2000 hasta 2015 usando datos del Fatality Analysis Reporting System (con un retraso de 1 año). El estudio también examinó las asociaciones independientes de subgrupo de políticas mutuamente excluyentes, que incluyen las políticas orientadas al consumo frente a las políticas orientadas al conductor. El ámbito del estudio fueron los 50 Estados de la Unión, y los participantes fueron 505.614 difuntos mayores de 20 años de choques de vehículos de motor entre 2000 y 2015. Los principales resultados y mediciones fueron la posibilidad de un fallecimiento relacionado con el alcohol (fallecimiento asociado con un choque en el que ≥1 conductor tuvo una concentración de alcohol BAC ≥0.08%.

Desde 2000 hasta 2015, hubo 505.614 muertes de adultos por choques de vehículos de motor en Estados Unidos, de los que 178.795 (35,4 %) estuvieron relacionados con el alcohol. Cada aumento de 10 puntos porcentuales del índice APS (que corresponde a las políticas estatales más restrictivas) estuvo asociado con probabilidades reducidas a nivel individual de participación del alcohol en un fallecimiento por choque (razón de ventaja ajustada aOR de 0,90); los resultados fueron coherentes entre la mayoría de los niveles demográficos y de tipo de choque. Las políticas más restrictivas también tuvieron asociaciones protectoras con la inclusión del alcohol en las muertes por choques asociados con concentración de alcohol BAC superior a 0,00 % e inferior a 0,08 %. Tras considerar las políticas orientadas a la conducción, las políticas orientadas al consume fueron protectivas de forma independiente en cuanto a las muertes por choques relacionados con el alcohol (aOR de 0,97).

 

1. JAMA Intern Med. Published online May 29, 2018. doi:10.1001/jamainternmed.2018.1406

 

 

Metales ambientales y riesgo cardiovascular.

 

Una revisión sistemática2 con meta-análisis ha estudiado mediante una búsqueda en PubMed, Embase y Web of Science  los trabajos epidemiológicos que investigan la asociación de arsénico, plomo, cadmio, mercurio y cobre con la enfermedad cardiovascular (CV). Ha concluido que la exposición al arsénico, plomo, cadmio y cobre está asociada con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular y de enfermedad cardíaca coronaria, y que el mercurio no está relacionado con la enfermedad CV.

La revisión incluyó 37 estudios que informaban de estimaciones del riesgo para enfermedad CV total, enfermedad cardíaca coronaria y accidente cerebrovascular para niveles de arsénico, plomo, cadmio, mercurio ó cobre. Los riesgos relativos fueron normalizados mediante una escala común y se reunieron los daos de cada marcador usando meta-análisis de efectos aleatorizados.

El total de participantes en los 37 estudios considerados fue de 348.259, con un global de 13.033 resultados de enfermedad cardíaca coronaria, de 4.205 para ictus, y 15.274 para enfermedad cardiovascular. Comparando el tercio superior con el inferior de los niveles basales, los riesgos relativos conjuntos del arsénico fueron 1.30 para enfermedad CV, 1.23 para enfermedad cardíaca coronaria, y 1.15 para accidente cerebrovascular. Los del plomo fueron, respectivamente, de 1.43, 1.85, y 1.63. Los del cadmio, de 1.33, 1.29, y 1.72; y los del cobre de 1.81, 2.22, y 1.29. El mercurio no tuvo una asociación distintiva con los resultados cardiovasculares, mientras que hubo una relación lineal dosis-repuesta para arsénico, plomo y cadmio en cuanto a la enfermedad CV.

 

2. Chowdhury R et al      BMJ 2018; 362 :k3310      doihttps://doi.org/10.1136/bmj.k3310 

 

 

Semaglutide para la pérdida de peso.

 

La obesidad es un problema principal de salud pública, por lo que se necesitan nuevos productos farmacéuticos para su tratamiento y manejo. Un estudio3 actual ha evaluado la eficacia y la seguridad del medicamento semaglutide, análogo del péptido similar a glucagon (GLP-1), en comparación con liraglutide y placebo para la pérdida de peso. El resultado es que combinado con consejo dietario y de actividad física, el medicamento semaglutide fue bien tolerado a  lo largo de 52 semanas y mostró una pérdida de peso de significación clínica comparado con el placebo a todas las dosis.

El estudio consistió en un ensayo de fase 2 aleatorizado, con doble cegamiento y controlado con placebo realizado en 8 países y 71 ubicaciones. Los 957 participantes fueron adultos de más de 17 años, sin diabetes, y con un índice de masa corporal (IMC) de 30 kg/m2 ó más alto. Fueron distribuidos al azar para recibir entre 1 octubre 2015 y 11 febrero 2016 semaglutide, liraglutide, ó placebo. Los que recibieron semaglutide comenzaron con una dosis de 0,05 mg/día, que se incrementaba cada 4 semanas hasta 0,1 mg, 0,2 mg, 0,3 mg ó 0,4 mg. Los que recibieron liraglutide empezaron con una dosis de 0,6 mg/día y aumentaban 0,6 mg por semana hasta alcanzar 3 mg. Los del placebo lo recibieron con el mismo volumen y el mismo sistema de escala. Todas las dosis fueron administradas una vez al día mediante inyección subcutánea, y el parámetro primario de medición fue el porcentaje de pérdida de peso a la semana 52.

Los valores promedio al inicio del estudio eran 47 años, peso corporal de 111,5 Kg, y un IMC de 39,3 kg/m2. La pérdida promedio estimada de peso fue de -2,3 % con el placebo y de -6,0 % (0,05 mg semaglutide), de -8,6 % (0,1 mg), de -11,6 % (0,2 mg), -11,2 % (0,3 mg) y -13,8 % (0,4 mg). Las reducciones promedio del peso corporal con 0,2 mg ó más de semaglutide referidas a liraglutide fueron significativas, entre 13,8 y 11,2 % en comparación con 7,8 %. Una pérdida estimada de peso del 10 % ó superior se produjo en el 10 % de los participantes que recibieron placebo, y del 37-65 % de aquellos que recibieron 0,1 mg ó más de semaglutide Las dosis de este medicamento fueron en general bien toleradas, y los efectos adversos más usuales fueron síntomas gastrointestinales relacionados con la dosis, sobre todo nausea, como se ha observando con anterioridad con los agonistas de los receptores GLP-1.

 

3. O’Neil PM et al     The Lancet 2018; online 16  agosto    DOI:https

://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)31773-2