2. Uso de inhibidores de la bomba de protones y riesgo de enfermedad renal crónica.

 

 

Autores : Benjamin Lazarus, Yuan Chen, Francis P. Wilson, Yingying Sang, Alex R. Chang, Josef Coresh, Morgan E. Grams     JAMA Intern Med  2016; 176(2):238-246. doi:10.1001/jamainternmed.2015.7193.

 

Importancia. Los inhibidores de la bomba de protones (PPIs) están entre los medicamentos más habitualmente usados en todo el mundo, y han sido vinculados con nefritis intersticial aguda. Se sabe menos de la asociación entre el uso de los PPIs y la enfermedad renal crónica (CKD).

Objetivo. Cuantificar la asociación entre el uso de los PPIs y la CKD incidente en una cohorte basada en la población.

Diseño, ámbito y localización. En total, se hizo un seguimiento de 10.482 participantes en el estudio Atherosclerosis Risk in Communities con un índice estimado de filtración glomerular de al menos 60 mL/min/1.73 m2, desde una visita al inicio entre 1 febrero 1996 y 30 enero 1999 hasta el final del estudio en 31 diciembre 2011. Los datos fueron replicados en una cohorte administrativa de 248.751 pacientes del Geisinger Health System con un índice de filtración glomerular estimado de al menos 60 mL/min/1.73 m2.

Exposiciones. El uso auto-informado de PPIs del estudio Atherosclerosis Risk in Communities ó una prescripción de PPI en la cohorte de replicación del Geisinger Health System. El uso de antagonistas de los receptores de histamina2 (H2) fue considerado un control negativo y comparador activo.

Principales resultados y mediciones. La CKD (enfermedad renal crónica) incidente fue definida usando códigos de diagnóstico en el alta hospitalaria ó la muerte  en el estudio Atherosclerosis Risk in Communities, y por un índice estimado de filtración glomerular inferior a 60 mL/min/1.73 m2 en la cohorte de replicación del Geisinger Health System.

Resultados. Entre 10.482 participantes del estudio Atherosclerosis Risk in Communities, el promedio de edad fue de 63.0 años, y el 43,9 % fueron varones. Comparados con los no usuarios, los usuarios de PPIs fueron habitualmente más obesos, de raza blanca y que tomaban medicación antihipertensiva. El uso de inhibidor de la bomba de protones estuvo asociado a una CKD incidente en los análisis no ajustados con un índice de riesgo HR de 1.45; en los análisis ajustados por variables demográficas, socioeconómicas y clínicas (HR ajustado de 1.50); y en los análisis con el uso en alguna ocasión de PPIs modelado como una variable de tiempo (HR ajustado de 1.35). La asociación persistió cuando los usuarios de PPIs en el punto de partida fueron comparados directamente con los usuarios de antagonistas de los receptores de histamina2 (HR ajustado de 1.39) y con los no usuarios emparejados por índice de propensión (HR de 1.76). En la cohorte de replicación del Geisinger Health System, el uso de los PPIs estuvo asociado con la CKD en todos los análisis, incluyendo un diseño de nuevo usuario variable en el tiempo (HR ajustado de 1.24). La dosificación de PPIs dos veces al día (HR ajustado de 1.46) estuvo asociada con mayor riesgo que la dosis una vez al día (HR ajustado de 1.15).

Conclusiones y relevancia.  El uso de inhibidores de la bomba de protones está asociado con un mayor riesgo de enfermedad renal crónica (CKD) incidente. La investigación futura debe evaluar si limitar el uso de los PPIs reduce la incidencia de CKD.